DIVORCIO CON HIJOS. DOS CASAS. DOS ESTILOS.

– ¿Preparada para el cambio de chip?

– Sí! -respondió su hermana de 8 años, mirando a su hermana mayor.

Este diálogo lo tenían dos hermanas, de 12 y 8 años que llegaban a casa de su papá tras haber pasado unos días en casa de su mamá.

Cuando la pareja convive existen unos acuerdos implícitos entre padre y madre, se crea un estilo conjunto, una “forma” de hacer las cosas; algunas veces cede papá, otras veces cede mamá.

En un divorcio con hijos  se crea una situación nueva para todos. Papá tiene una casa. Mamá tiene otra casa. Siempre diferentes, distintas.

Cada uno con su estilo propio, ni mejor ni peor.

Muchos padres y madres establecen unos acuerdos mínimos, en la educación, en la higiene…pero luego hay situaciones diferentes siempre, porque padre y madre son diferentes.

En una casa se acuestan a las 10.30 y en la otra a las 9.30;  en una se tiende la ropa y en otra se dobla; en una se friegan los platos y en otra se barre….

Los niños y niñas aprenden. Somos los padres los que tenemos la responsabilidad de respetar al otro progenitor y no criticar su estilo, su forma diferente de hacer las cosas.

Muchas veces escucho a madres y padres quejarse del otro constantemente. Esta queja es la que duele a los hijos comunes.

Muchos se justifican diciendo que nunca lo hacen delante de sus hijos. El lenguaje verbal es tan solo un 20 % de lo que comunicamos, el resto es lenguaje no verbal, gestos, miradas, sensaciones…

Aceptar tal como es al padre o madre con el que decidí tener hijos en común, asumir que dos estilos no implica un  desbarajuste emocional y confiar en la sabiduría de los niños y niñas, es el mejor regalo que podemos ofrecer en un divorcio con hijos.

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